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El fin del año en el fin del mundo


de Ada Torres Toro

Foto: Torres del Paine, Chile.


Luego de más de dos años que han pesado como una condena, en las postrimerías del 2022 por fin decidí volver a explorar mundo. Como antesala necesaria, debo explicar lo que ‘explorar mundo’ significa en mi cabeza. Europa occidental, el Caribe, Estados Unidos y parques temáticos en cualquier parte no cuentan en mi libro de reglas (totalmente arbitrarias, admito) de lo que no constituye un viaje tipo “bucket list” o lista de cosas que hacer antes de morir. Este tipo de viaje requiere algo extremo, que además no haya visto antes (por eso excluyo a Europa), que me deje perpleja con alguna maravilla (no necesariamente la limitada lista de quien decidió que eran solo siete), o llegar a un lugar con una cultura radicalmente distinta que me sacuda de mi zona cómoda.


Este tipo de peregrinación requiere que el lugar me mueva el piso y el alma y me devuelva distinta, porque para eso viajamos, después de todo: para que la experiencia nos haga seres nuevos que han sido testigos de algo realmente mágico.

En el espíritu de sacudirme el estupor de los pasados años, le propuse la idea a mi marido, quien a decir verdad, no requiere de mucha persuasión en este tema. Literalmente saltó de la emoción casi a lo Tom Cruise (fue menos dramático de lo que suena; Radamés brinca mucho), así que procedí a presentarle tres o cuatro alternativas. En un par de semanas la lista se redujo a dos: Marruecos o la zona austral de Chile, allá abajo donde el fin del mundo es real, en ese dedo largo y esbelto de país al que nadie llega por casualidad, y donde las ballenas y los pingüinos hacen su hogar entre los glaciares. Chile ganó. Así que ahí estaremos para darle la bienvenida a un 2023 que insisto, será maravilloso.


Los lugares a los que vamos, desde el desierto de Atacama al norte, hasta Tierra del Fuego al sur donde una teme caerse del planeta, son de difícil acceso (planificar la logística de esto no es para los débiles de corazón), y requiere ascender por caminos y montañas a veces por ocho horas diarias bajo condiciones climáticas impredecibles.


No pudimos escoger un entorno tan ajeno como universal, tan perfecto para renovar la piel y el espíritu bajo un cielo glacial. Las próximas Navidades tendrán el sabor del verano de Chile, el país más largo del mundo, donde las estaciones se invierten y las maravillas abundan. Por Reyes Magos veré los picachos de las Torres del Paine, y les pediré que me devuelvan nueva y repleta de nuevas historias.


"Noche, nieve y arena hacen la forma de mi delgada patria, todo el silencio está en su larga línea, toda la espuma sale de su barba marina, todo el carbón la llena de misteriosos besos".


Pablo Neruda

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