top of page

Los monstruos sí existen (debajo de la cama y encima también)

hace 6 días
3 min de lectura

Actualizado: hace 4 días


No le digamos jamás a las niñas que "los monstruos no existen". No es cierto. Están vivos y caminan entre nosotros con sonrisas de "frat boys", entre otros muchos disfraces sociales.

Aquí tienen a siete con sus nombres y apellidos. Y también están esos muchos otros monstruos que se quedan callados y lo celebran por lo bajo. Y no denuncian. No llaman a nadie. Se allanan a la complicidad de lo inimaginable. Y mientras tanto, aquí en Puerto Rico, nos acabamos de enterar que casi la mitad (48.7%) de los homicidios de mujeres en Puerto Rico entre el año 2021 y agosto de 2026 fueron clasificados oficialmente como feminicidios. Los monstruos son nuestro cáncer.


Se me ha hecho muy difícil seguir este caso de Cornell, me ha tomado días abordarlo por lo descarnado, por lo inhumano, y porque es un ejemplo tan puntual de cómo el mundo está diseñado para excusar a los hombres y aplastar a las mujeres. Y no, no hablo de Irán, sino de Estados Unidos.


En 2024 estos siete monstruos de Cornell University drogaron con ketamina y otras drogas a una chica y la violaron durante siete horas. Lea eso de nuevo. Siete horas. Pasaron mensajes por el chat de su fraternidad con el mensaje: "FreePussy" para que llegaran más violadores, y se la pasaron de uno a otro como un objeto público, inanimado, descartable. ¿Saben cuál fue la respuesta de Cornell University cuando ella se querelló? Puso a estos tipos a escribir ¡ENSAYOS! para que reflexionaran. Yo quiero leer esos malditos ensayos con ansias, porque estoy segura de que la posdata correctiva debe ser igual de horripilante.



No es la primera vez que pasa en esta universidad (y en muchísimas en EEUU ya documentadas por la prensa) y no es la primera vez que se hacen de la vista larga. Basta mencionar el caso de Emma Sulkowicz de la Universidad de Columbia, quien denunció ser violada en 2012; la universidad determinó que el acusado "no era responsable". Furiosa, Emma convirtió su tesis de grado de artes visuales en una protesta de resistencia. Cargó un colchón a donde quiera que iba en el campus (clases, comedores, pasillos) y hasta lo llevó a su ceremonia de graduación. Ver las imágenes de Emma a cuestas con el colchón donde se le aplastó la vida y la dignidad es impresionante.


Porque esa es la purga sin pecado diaria de las mujeres: gritar para ser visibles, gritar para ser creídas, gritar para no ser descartadas, gritar por tu vida, y ver a tu violador saliéndose del asunto con escribir un ensayo. ¿Y saben quienes son también culpables? Todo los “frat boys” que recibieron mensajes de “Free Pusssy”, y sabían lo que estaba pasando, y ni uno fue capaz de dar voz de alerta, de llamar a la policía, de hacer algo que demostrara humanidad. Pero no. Los monstruos no son humanos. No se le pide peras al olmo.


Y ante esto, y ante millones de ejemplos diarios que no llegan a los titulares, todavía hay gente atrevida se lanza a criticar a las mujeres, a llamarnos “feminazis”, o las mismas mujeres que dicen: “Yo no soy feminista”. Pues que bueno por usted, por ustedes. Hablemos de nuevo cuando su hija o un ser querido se encuentre atrapada en los muchos Cornell de la vida, porque parece que nadie empatiza con nadie hasta que el golpe le toca. #arrestthecornell7 #JusticeForCornellJaneDoe #believewomen

 
 
 

Comentarios


bottom of page