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En defensa de un periodismo herido

Updated: Aug 23, 2023

Todos los años, cuando se acerca la Semana de la Prensa, me encuentro arrastrada a discutir “la calidad del periodismo actual”. En esa pregunta siempre hay encerrada la nostalgia por aquel otro periodismo que dominaba nuestras pantallas de TV, ondas radiales y diarios… el investigativo, el profundo, el incómodo, el que no suma amigos.


Lo entiendo. Un buen periodista debe ser como unos zapatos nuevos, que molestan al

principio, pero que luego entregan a cambio algo necesario. Un periodista que es adorado por el 100% del público, no está haciendo periodismo, del mismo modo que

un médico que solo quiere dar buenas nuevas a un paciente, no puede ejercer la medicina.


Parece que cuando pensamos en esa era “de oro” nos referimos a siglos atrás, pero en realidad este fue un fenómeno muy reciente, de hace apenas dos décadas, antes de que se viniera abajo "el modelo" dentro del cual hacíamos periodismo. Las razones son muchas: contracción económica; desastres consecutivos que han golpeado sin piedad a este país; la fuga de innumerables periodistas hacia otras gestiones profesionales unido a despidos masivos; las crisis políticas que dieron paso a un nuevo prototipo de gobierno (el que no se siente en la obligación de rendir cuentas); el pánico y reacción del bipartidismo ante su inevitable corrosión; el fenómeno mediático del pasado presidente de EU que convirtió a Twitter en un instrumento para gobernar, y por tanto, de cobertura… puedo continuar, pero creo que se ilustra el tsunami de cambios que ha enfrentado el periodismo en todas partes.


Hacer buen periodismo nunca ha sido una faena fácil. De hecho, frecuentemente, si es fácil, no es periodismo, es entretenimiento, y urge que en Puerto Rico aprendamos a discernir la diferencia.

Soy malagradecida con el pasado: siempre lo encuentro menos interesante que el presente, porque solo aquí y ahora hay posibilidades de buscar algo mejor. Me tocó trabajar dentro de un periodismo exquisito, donde podía acudir a mis jefes y jefas, pedirles presupuesto para una cobertura internacional especial, y si la idea era buena, el dinero y la libertad creativa aparecían. Los noticieros eran los programas más vistos, y la gente sabía (en detalle y con pensamiento crítico) lo que pasaba en el país. Pero eso fue antes de Trump, antes de los mensajes comprimidos en 280 caracteres, antes del desplome económico, antes de María, antes de la pandemia, antes de la radicalización que no permite el diálogo… Eso fue en otra vida.


El periodismo que tenemos ahora nace de la misma realidad traumática en la que vivimos, igual que aquel otro periodismo nacía de su zeitgeist particular, no menos complejo, pero con otras herramientas para capturarlo. Ya decía Ortega y Gasset: "Yo soy yo y mis circunstancias, y si no las salvo a ellas no me salvo yo".


Tengo esperanza. Estos momentos de cambios son inevitables, y todo en la vida es circular. Ya empieza a surgir un llamado, un grito más bien, por un periodismo periodismo comunitario que no solo busque señalar lo que está mal, sino cómo solucionarlo.


El periodismo es una relación simbiótica entre el reportero que le entrega la información y cómo usted la consume. El público también tiene una responsabilidad en esta relación vital. Si busca basura, encontrará basura. Si busca buen periodismo, le aseguro que lo hay, y mucho.

También le aseguro que el periodismo, al que le debo todo lo que tengo, está en un momento de recomposición, y de ahí saldrán otras tendencias y estrategias para sobrevivir, para seguir informando. De eso se trata este oficio, tan vital como la libertad misma. #semanadelperodista #prensa



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