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Cardiopatía hipertensiva de la patria

hace 6 días
3 min de lectura

Si le pregunta hoy a cien personas cuál es la raíz del caos y la falta de dirección y gobernanza en Puerto Rico, obtendrá cien respuestas distintas. En esta encuesta ficticia, de seguro recogería algunos temas que se repetirán: Luma, AAA, la corrupción enraizada hasta el tuétano, el crimen, el colonialismo para unos, falta de "estadity" para otros, o sea, los "culpables" usuales.



Pero la realidad es que estas no son "las razones" de la enfermedad. Es solo la fiebre, los síntomas. En la cardiopatía hipertensiva que sufre nuestro país, hay varios elementos claves a ser identificados, y muchos lo han sido (empezando por el tema irresuelto del colonialismo).


Lo que no alcanza el tope de estos análisis, y que debería ser obvio, es la ausencia de rendición de cuentas de quienes nos hacen la vida imposible. En el norte le llaman "accountability". Los que miran a Puerto Rico y a sus habitantes como una oportunidad para el tumbre, los que saludan con una mano para la foto y se echan dinero al bolsillo con la otra, los que juegan con la gobernanza como si fuera una ruleta para apostar al robo... todos ellos y ellas calculan que tienen más posibilidades de terminar en un apartamento en Brickell en Miami que en la cárcel. Usted lo sabe. Ellos también.

Y eso es lo que da oxígeno al problema: el que existan CERO posibilidades de restitución de los haberes y recursos robados u obtenidos por sobornos o por pura irresponsabilidad y torpeza institucional. Saben que no hay consecuencias si otorgan una subasta a un amigo que no tiene las competencias para el trabajo, saben que no pasa nada si cambias las leyes después de que llegue el hotel, para complacer a los inversionistas que destruyen nuestras costas y nos dejan a secas, literal y figurativamente. Estos seres que nos hacen la vida diaria imposible saben que es cuestión de que se nos "baje el caletón" y que la gente se olvide. Y si nada de eso funciona, pues le meten a ese miedo añejo y arrugado de una guerra fría que terminó hace 35 años y que aquí se reactiva como instrumento para inyectar miedo (un miedo irrazonable, pero así son muchos miedos, y por eso es tan efectivo tocar ese botón barato y manoseado).


Lo más que les puede pasar es que pierdan una elección, para regresar al ruedo en la próxima... o como analistas políticos para criticar en otros lo que antes ellos hacían. Otros casos, como el de Wanda Vázquez, deja a cualquiera perplejo. El FBI la arrestó en 2022 y fue acusada (y sentenciada) por un esquema de soborno donde un banquero venezolano (ironía, ironía, ¡el país con el que nos asustan!) le pasaría más de $300,000 para su campaña. ¿Qué pasó? Trump la indultó, el marido que se quedó con el carro y no pasó nada. Ella perdio su licencia. Nada más.


Nunca pasa nada, porque ningún gobierno enfrenta las consecuencias de sus actos como nos tocaría a usted o a mí. Y desde esa impunidad es que empiezan a salivar, y esa saliva se hace codicia, y esa codicia tiene la tentación muy cerca porque hemos construido un país donde los gobiernos jamás tienen que rendir cuentas, cuentas de verdad. Atacan a periodistas serios. Compran a los que están a la venta. Contestan con descaro y desafío, y lo peor... nos toman por tontos. Nos tiran el confeti de boberías en la cara, mientras ellos comen popcorn y brillan sus Rolex. Ellos, los que matan a esta patria con el veneno de la impunidad, apostando a que, cada nuevo día, amanecemos más y más tontos.

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