El árbol, el hijo y el libro
- Ada Torres
- 16 ene 2024
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 20 ene
«Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro» -José Martí

Obra "La vida eterna" del pintor chileno Guillermo Lorca.
Desde que aprendimos a comunicarnos con escritura Cuneiforme hace cinco mil años, el ser humano ha vivido obsesionado con contar historias. Está en nuestro ADN. Los “contadores de cuentos” existimos desde antes de Cristo. Basta con mencionar que 50 años A.C. Julio César creó el Acta Diurna, que colgaba en su "muro de Facebook" de la época: el Foro Romano. Julio César conocía bien la importancia de comunicar la palabra escrita.
Por supuesto, no todo el mundo escribe guiado por las mismas motivaciones. Hay quienes escriben porque si no lo hacen, no saben cómo vivir. Escribir es oxígeno, y estudian y elevan tanto forma como contenido creando pura belleza. Esa es una Julia de Burgos. Hay quienes lo hacen para el noble quehacer filosófico, político, cívico y educativo que obliga al pensamiento crítico. Ese es un Eugenio María de Hostos. Hay quienes lo hacen como un subproducto de una carrera en otro campo que quieren dejar consignada en un libro para la posteridad. Ahí están las biografías y libros sobre figuras que han marcado la historia. Hay quienes escriben guiones. Hay quienes escriben con un fin puramente pericial o de ayuda. Hay quienes escriben para romper esquemas, desafíar, criticar y definir el zeitgeist de su época, como los escritores (y escritoras ignoradas) del boom latinoamericano.
Y por supuesto, también están los que escriben un libro para tacharlo de esa lista que nos impuso Martí con su inmortal: «Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro». Esta lista, aún sin tomarla en su sentido literal, se presta a debate. Por ejemplo, no sé si el venerado escritor cubano se dio cuenta de que para hacer el libro hay que talar el árbol, literal y figurativamente. La experiencia humana es un talar continuo, un quid pro quo, y un moler vidrio que nunca se detiene. De más está decir que un hijo o hija no solo “se tiene”; se viste, se alimenta y se educa. No basta plantar un árbol. Hay que regarlo, abonarlo, cuidarlo. Lo mismo pasa con los libros; hay que saber para qué estamos escribiendo.
No, no basta con escribir un manuscrito, plantar el árbol o quedar embarazada. Eso lo hace cualquiera. Pero publicar algo de peso de provoque reacciones, cuidar el árbol durante años, y entender que traer una vida la mundo no debe ser una consecuencia de presiones sociales ni de errores de cálculo, esa es otra historia con un índice distinto. Así es todo en la vida. Nada es lo que parece y todo lo que vale la pena, hay que sudarlo a muchos niveles. No hay atrechos ni siquiera para las ambiciones de nuestro patético ego.
Quizás en este momento histórico tan preñado de contradicciones y violencia, más que sembrar, nos toca pasar inventario sobre lo ya sembrado a lo loco en esta isla construida de remaches y quimeras, aprender de los errores del pasado, cesar de repetirlos, y ver cómo salvamos lo que nos queda de país. Nunca he creído que la salvación es individual. Así que olvidemos la lista de Martí, ya que, a veces, en vez de sembrar un árbol, lo que hace falta es salvar al ya sembrado que lucha por sobrevivir.
En estos tiempos incomprensibles y turbulentos, se vale recordar que la vida no es cumplir con listas de legados. Es buscar nuevas que hagan sentido en nuestro presente. Eso es algo que el autor de "Nuestra América" entendía muy bien.



No puedo estar más de acuerdo, Ada. Excelente exposición. 👏🏼👏🏼👏🏼
Ni todo el mundo quiere, puede o debe tener hijos, ni todo el mundo quiere, puede o debe escribir un libro.
Ciertamente, necesitamos salvar los árboles que luchan por sobrevivir y que “el progreso” nos arrebata. Pero no estaría mal lo de que todo el mundo siembre un árbol. Pero ya que estamos en eso, le ofrezco un asterisco al poeta: «*Cuidado con qué árbol siembra y dónde».
Admiro su capacidad de escribir y expresarse., honestamente le digo.